Han Visto a Yuca Zapata? - CUARTA ENTREGA
El anciano cruzó el patio. Se ayudaba al caminar con un improvisado palo de escoba que le servía de bastón. Se acercó al grupo de los chiquillos que seguían jugando al trompo. Cuando ellos lo vieron acercarse dejaron de lanzar sus juguetes y se aprestaron a darle paso.
--- ¿Luisito, a quién buscaban esos dos muchachos que salieron por el zaguán?
El niño, el mismo que había atendido a los que recién se había ido. Con tono respetuoso levantó su mirada y contestó sin dejar de enrollar el trompo.
--- A Yuca Don Isidro. A Yuca
--- Y sabes ¿para qué?
Chascando la lengua, un sonido de desaprobación antecedió sus palabras.
--- Creo que es para que pelee esta noche Don Isidro.
---¡Oh no! Ellos son desconsiderados. Yuca no está preparado, pero conociéndolo sé que se atreverá a hacerlo. Va arriesgas su vida, se va a exponer a un mal golpe.
El viejo que conocía a Yuca desde que era un niño, era su vecino en el cuarto de al lado, en su rostro mostró toda la decepción que le causó la noticia. Guardaba mucho agradecimiento con ese muchacho pues lo asistía en sus necesidades básicas. No olvidaba que después de cobrar el salario que le daban por treparse al ring, le pagaba sus recibos de agua y hasta el alquiler del cuarto. El sabía que no cobraba mucho por eso lo agradecía doblemente.
Se despidió de los niños diciéndole que Yuca no debía hacerlo. Esa aseveración contó con una mirada de aprobación de Luisito, mientras que el otro chicuelo no se quedó callado y agregó la frase que había oído decir a su papá alguna vez.
---- Va a pelear nuevamente y le van a sacar la ñecs. --- Lo dijo bailando su trompo en la palma de la mano y asintiendo con la cabeza envalentonada porque el viejo pensaba como su papá.
Isidro arrastrando los pies se perdió por el zagúan, aguantó la respiración para evitar la fetidez de los tinacos y al salir a la calle puedo disfrutar a gusto de la brisa que bajaba del cerro cercano a la ciudad. Le había molestado el comentario del chiquillo y recordó al papá. Un vecino impertinente que todo lo criticaba, y todo lo envidiaba. No sabía por qué pues nadie en esa vecindad de cuartos humildes tenía nada que envidiar. Todos sufrían de lo mismo, de pobreza.
Contempló como el sol iba suavizando sus rayos al caer sobre el barrio. El cerro les recordaba a los gringos Había llegado hace muchos años a la ciudad de un pueblo que se ubicaba en la línea del ferrocarril transístmico. Era el pueblo de su infancia próspero con fincas de banano que producían hermosos racimos que se llevaba el tren hasta el puerto y en pocos días a Nueva York. Todavía no había construido el canal, ese canal que luego dividió el territorio de su país en dos. Decían que habría mucha prosperidad para todos cuando comenzaran a pasar los barcos. Pero para ellos los que vivían en La Línea, asi le llamaban a los pueblos a orillas del tren, fue un cataclismo. Tuvieron que abandonar la región. Recordaba como los funcionarios gringos, cuando se acababa el plazo para desalojar, llegaron diciendo ¡urry! ¡urry! El comprendía que esa palabra era rápido, rápido. Junto a sus padres dejó su pequeña finca de árboles de aguacates que parían durante todo el año. Era muy fértil esa tierra allí, y siempre llovía. Los aguacates los vendían ya sea en la ciudad del atlántico, como en la ciudad del pacífico. Que cosa, el había nacido allí en medio de ese lugar cercano a dos mares. Pero tuvo que dejar la casita, con su finquita llena de árboles, de aves y con un verdor maravilloso. Consiguieron refugio en ese cuarto que acababa de abandonar. Nunca regreso a La Linea. Lo que no lo inundó el gran lago que surgió al represar a los rís, ahora era territorio dominado por la potencia extranjera.
Trabajó y trabajó en el mercado de la ciudad, pero ahora ya era viejo, superaba con creces los ochenta. Dios le había dado una vida muy larga. Vio como había cambiado la ciudad. Como los estudiantes se habían enfrentado a los gringos cuando rompieron la bandera. Había rumores que se firmaría un nuevo tratado que eliminaría ese capítulo que decía que los gringos eran dueño de ese territorio para siempre. Contempló la iglesia por la parte de atrás y recordó la de su pueblo y las fiestas de Santa Rita. Eran muy sonadas y el pueblo de Gatún atraía a toda la gente de la Línea. La nostalgia lo embargó pero eso había sucedido ya hace muchos años. Siguió caminando entre el bullicio del barrio. El sabía dónde estaba Yuca y hacia allá dirigió sus pasos.
--- ¿Luisito, a quién buscaban esos dos muchachos que salieron por el zaguán?
El niño, el mismo que había atendido a los que recién se había ido. Con tono respetuoso levantó su mirada y contestó sin dejar de enrollar el trompo.
--- A Yuca Don Isidro. A Yuca
--- Y sabes ¿para qué?
Chascando la lengua, un sonido de desaprobación antecedió sus palabras.
--- Creo que es para que pelee esta noche Don Isidro.
---¡Oh no! Ellos son desconsiderados. Yuca no está preparado, pero conociéndolo sé que se atreverá a hacerlo. Va arriesgas su vida, se va a exponer a un mal golpe.
El viejo que conocía a Yuca desde que era un niño, era su vecino en el cuarto de al lado, en su rostro mostró toda la decepción que le causó la noticia. Guardaba mucho agradecimiento con ese muchacho pues lo asistía en sus necesidades básicas. No olvidaba que después de cobrar el salario que le daban por treparse al ring, le pagaba sus recibos de agua y hasta el alquiler del cuarto. El sabía que no cobraba mucho por eso lo agradecía doblemente.
Se despidió de los niños diciéndole que Yuca no debía hacerlo. Esa aseveración contó con una mirada de aprobación de Luisito, mientras que el otro chicuelo no se quedó callado y agregó la frase que había oído decir a su papá alguna vez.
---- Va a pelear nuevamente y le van a sacar la ñecs. --- Lo dijo bailando su trompo en la palma de la mano y asintiendo con la cabeza envalentonada porque el viejo pensaba como su papá.
Isidro arrastrando los pies se perdió por el zagúan, aguantó la respiración para evitar la fetidez de los tinacos y al salir a la calle puedo disfrutar a gusto de la brisa que bajaba del cerro cercano a la ciudad. Le había molestado el comentario del chiquillo y recordó al papá. Un vecino impertinente que todo lo criticaba, y todo lo envidiaba. No sabía por qué pues nadie en esa vecindad de cuartos humildes tenía nada que envidiar. Todos sufrían de lo mismo, de pobreza.
Contempló como el sol iba suavizando sus rayos al caer sobre el barrio. El cerro les recordaba a los gringos Había llegado hace muchos años a la ciudad de un pueblo que se ubicaba en la línea del ferrocarril transístmico. Era el pueblo de su infancia próspero con fincas de banano que producían hermosos racimos que se llevaba el tren hasta el puerto y en pocos días a Nueva York. Todavía no había construido el canal, ese canal que luego dividió el territorio de su país en dos. Decían que habría mucha prosperidad para todos cuando comenzaran a pasar los barcos. Pero para ellos los que vivían en La Línea, asi le llamaban a los pueblos a orillas del tren, fue un cataclismo. Tuvieron que abandonar la región. Recordaba como los funcionarios gringos, cuando se acababa el plazo para desalojar, llegaron diciendo ¡urry! ¡urry! El comprendía que esa palabra era rápido, rápido. Junto a sus padres dejó su pequeña finca de árboles de aguacates que parían durante todo el año. Era muy fértil esa tierra allí, y siempre llovía. Los aguacates los vendían ya sea en la ciudad del atlántico, como en la ciudad del pacífico. Que cosa, el había nacido allí en medio de ese lugar cercano a dos mares. Pero tuvo que dejar la casita, con su finquita llena de árboles, de aves y con un verdor maravilloso. Consiguieron refugio en ese cuarto que acababa de abandonar. Nunca regreso a La Linea. Lo que no lo inundó el gran lago que surgió al represar a los rís, ahora era territorio dominado por la potencia extranjera.
Trabajó y trabajó en el mercado de la ciudad, pero ahora ya era viejo, superaba con creces los ochenta. Dios le había dado una vida muy larga. Vio como había cambiado la ciudad. Como los estudiantes se habían enfrentado a los gringos cuando rompieron la bandera. Había rumores que se firmaría un nuevo tratado que eliminaría ese capítulo que decía que los gringos eran dueño de ese territorio para siempre. Contempló la iglesia por la parte de atrás y recordó la de su pueblo y las fiestas de Santa Rita. Eran muy sonadas y el pueblo de Gatún atraía a toda la gente de la Línea. La nostalgia lo embargó pero eso había sucedido ya hace muchos años. Siguió caminando entre el bullicio del barrio. El sabía dónde estaba Yuca y hacia allá dirigió sus pasos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Entradas populares
-
Panamá, 13 de mayo de 2008 Panamá también tiene buenos escritores. Zulema Emanuel | DIAaDIA En Panamá hay una gama de b...
-
FECHA Y LUGAR DE NACIMIENTO: Nació en Panamá ciudad de Panamá 29 de mayo de 1950 PREMIOS, BECAS U OTRAS DISTINCIONES NACIONALES ...
-
Autor: Andrés Villa Precio: B/. 10.00 Créditos: Diseño de Portada: Julio Cueto. Fotos: Andrés Villa, Irma Herrera Impreso ...
-
Panamá, 16 de enero de 2008 Redacción Andrés Villa, el periodista, fotógrafo, relacionista público y escritor presentó rodeado ...
-
Tenía la nueve en la mano. Sus ojos se iluminaron con el mismo fulgor de sus años infantiles, cuando vio los juguetes de sus veci...
-
Panamá, 2 de marzo de 2008 Obra de Andrés villa recibe buena calificación Caminando con “La Nueve” REDACCIÓN Villa ha entregado u...
-
Dumbo se asomó sobre la rejilla de madera de la puerta del cuarto de Dorita, que daba sobre la calle. Los vio juntos, demasi...
-
De izquierda a derecha: Enrique Jaramillo Levi, Andrés Villa, Rubén Blades, Juan Antonio Gómez y Ariel Barría Alvarado. Panamá, 18 de ...
-
El gimnasio de Créditos Latinos, huele a sudor por sus cuatro costados. El calor del medio día y el ruido de los golpes del campeón mundi...
Mi lista de blogs
-
El Beso de Judas - Una rara manera de traicionar Andrés Villa Periodista y Escritor “¡Oh, Judas!, con un beso entregas al Hijo del Hombre”. Con estas palabras, present...
-
¿HAN VISTO A YUCA ZAPATA? RESEÑA - Por: Héctor Aquiles González En esta oportunidad el amigo y colega Andrés Villa busca historias desde las entrañas más profundas del Panamá barrial de...

No hay comentarios:
Publicar un comentario