Han Visto a Yuca Zapata? - TERCERA ENTREGA
La noticia de que Yuca Zapata iba a subir al ring en la pelea estelar, llegó como una bomba al hotel donde estaba el equipo de Kid Brooklyn. El entrenador recibió una llamada del representante al teléfono de la recepción y enseguidad comenzó a protestar. Movía los brazos y se le oyó decir que ese boxeador era la peor opción entre cualquiera posible. Que había basado sus entrenamientos y diseñado un patrón de pelea para las características del rival pactado y que ahora pasaba esto.
----- Chu… Yuca Zapata, no es que es un gran boxeador. Pero es difícil. ¿Va estar en el peso?
Desde el teléfono le contestaron que Yuca era el que le iba a regalar un par de libras y que todo estaba arreglado, que no se preocupara.
Con mucho mal humor colgó el teléfono y se aprestó a subir por elevador a la habitación de su campeón.
Waoooo, Yuca Zapata, pegaba duro y aguantaba golpes. Era recio, pero hay que ablandarlo para que no se ponga tieso. Eso de que no se preocupara era un cuento que el no debía comerse. “ No te duermas de ese lado” le habían aconsejado aquellos con los que aprendió el arte de entrenar a boxeadores. El mismo había sido peleador y gozado de algunas noches de gloria, pero no fue tan bueno para llegar a la cima y pelear por el campeonato mundial. Su carrera fue corta.
Apretó el botón del sexto piso y el armatoste cerró sus puertas y comenzó a subir. Cada piso era como uno de los rounds a los que estaba fijada la pelea de su pupilo. Había pensado que Brooklyn podía despachar al otro boxeador en seis rounds. Su muchacho era bueno pero podía confundirse, sabía que si atacaba al cuerpo de Yuca caería la cabeza. Ese era un viejo dicho en el boxeo local. Pega abajo a los costados repetidamente y de pronto cambias la estrategia y sueltas el volado de derecha a la mandíbula. Ahora le pediría a Brooklyn que acabara con ese Yuca en el mismo primer round. No le importaba que el público protestara por el pobre espectáculo que no era por el que había pagado. La noticia recorrería el gimnasio cuando comenzara la primera pelea. Eso sería un problema, bueno ojalá que los fanáticos se contenten con los otros encuentros. Recordó que estaban programados algunos muy buenos.
El elevador abrió sus puertas en el piso sexto. El entrenador salió y se dirigió a la habitación de su boxeador. Vio la puerta abierta señal que ya estaban impacientes. Las horas de la tarde antes de una pelea son difíciles, pensó. Comienza la ansiedad y las paredes se van estrechando. Han sido muchos los días de entrenamientos, lejos de familia, y de privaciones de comer, beber y de no tener sexo. El aconsejaba a sus boxeadores no estar con mujeres durante las semanas en que se intensificaba la preparación. Cuando tenían algo de fama las mujeres aparecían de todos lados. Querían plata y la notoriedad de andar con el campeón de moda. Les decían las acaba champions. Algunas fueron famosas, pues estuvieron con varios campeones, pero después al igual que ellos perdieron sus encantos y ya los nuevos famosos no se fijaron en ellas.
Los asaltos de guantes son buenos para descargar la adrenalina que genera el alcanzar el punto máximo de las condiciones físicas. A su boxeador él le iba inyectando un positivismo para que se sintiera capaz de alcanzar la victoria.
Entró al cuarto y vio a Brooklyn peinándose y perfumándose. Ya estaba vestido. El otro segunda trasteaba el maletín en que llevaría todo lo necesario para asistir a su boxeador.
---- Buenos muchachos, últimas noticias. No quiero que lo tomen a mal. No hay tiempo para rechistar. Se los voy a decir de un solo tiro y vamos a ver como salimos de esto lo más rápido posible.
Ambos fijaron todos sus sentidos para recibir la noticia, que no sabían si era buena o mala.
----- No vas a pelear con Kid Leoncico. Vas con Yuca Zapata.
-----¡ Yuuuuucaaaaaa Zapataaaaa!------- cantaron
----- Chu… Yuca Zapata, no es que es un gran boxeador. Pero es difícil. ¿Va estar en el peso?
Desde el teléfono le contestaron que Yuca era el que le iba a regalar un par de libras y que todo estaba arreglado, que no se preocupara.
Con mucho mal humor colgó el teléfono y se aprestó a subir por elevador a la habitación de su campeón.
Waoooo, Yuca Zapata, pegaba duro y aguantaba golpes. Era recio, pero hay que ablandarlo para que no se ponga tieso. Eso de que no se preocupara era un cuento que el no debía comerse. “ No te duermas de ese lado” le habían aconsejado aquellos con los que aprendió el arte de entrenar a boxeadores. El mismo había sido peleador y gozado de algunas noches de gloria, pero no fue tan bueno para llegar a la cima y pelear por el campeonato mundial. Su carrera fue corta.
Apretó el botón del sexto piso y el armatoste cerró sus puertas y comenzó a subir. Cada piso era como uno de los rounds a los que estaba fijada la pelea de su pupilo. Había pensado que Brooklyn podía despachar al otro boxeador en seis rounds. Su muchacho era bueno pero podía confundirse, sabía que si atacaba al cuerpo de Yuca caería la cabeza. Ese era un viejo dicho en el boxeo local. Pega abajo a los costados repetidamente y de pronto cambias la estrategia y sueltas el volado de derecha a la mandíbula. Ahora le pediría a Brooklyn que acabara con ese Yuca en el mismo primer round. No le importaba que el público protestara por el pobre espectáculo que no era por el que había pagado. La noticia recorrería el gimnasio cuando comenzara la primera pelea. Eso sería un problema, bueno ojalá que los fanáticos se contenten con los otros encuentros. Recordó que estaban programados algunos muy buenos.
El elevador abrió sus puertas en el piso sexto. El entrenador salió y se dirigió a la habitación de su boxeador. Vio la puerta abierta señal que ya estaban impacientes. Las horas de la tarde antes de una pelea son difíciles, pensó. Comienza la ansiedad y las paredes se van estrechando. Han sido muchos los días de entrenamientos, lejos de familia, y de privaciones de comer, beber y de no tener sexo. El aconsejaba a sus boxeadores no estar con mujeres durante las semanas en que se intensificaba la preparación. Cuando tenían algo de fama las mujeres aparecían de todos lados. Querían plata y la notoriedad de andar con el campeón de moda. Les decían las acaba champions. Algunas fueron famosas, pues estuvieron con varios campeones, pero después al igual que ellos perdieron sus encantos y ya los nuevos famosos no se fijaron en ellas.
Los asaltos de guantes son buenos para descargar la adrenalina que genera el alcanzar el punto máximo de las condiciones físicas. A su boxeador él le iba inyectando un positivismo para que se sintiera capaz de alcanzar la victoria.
Entró al cuarto y vio a Brooklyn peinándose y perfumándose. Ya estaba vestido. El otro segunda trasteaba el maletín en que llevaría todo lo necesario para asistir a su boxeador.
---- Buenos muchachos, últimas noticias. No quiero que lo tomen a mal. No hay tiempo para rechistar. Se los voy a decir de un solo tiro y vamos a ver como salimos de esto lo más rápido posible.
Ambos fijaron todos sus sentidos para recibir la noticia, que no sabían si era buena o mala.
----- No vas a pelear con Kid Leoncico. Vas con Yuca Zapata.
-----¡ Yuuuuucaaaaaa Zapataaaaa!------- cantaron
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