---¿Han visto a Yuca Zapata? ¿Lo han visto? Al boxeador, sí, al boxeador.
El afán de los dos hombres recién llegados molestó a los viejos que ocupaban las bancas del parque frente a la antigua iglesia. Uno de ellos contestó la pregunta.
__ Ayer estaba donde siempre se sienta con esos otros viejos babosos, le gusta oír sus mentiras y exageraciones. Búscalo por la esquina que da a la Avenida Central. Allá por las sillas de los limpiabotas. Como siempre debe tener en sus labios las letras de viejos boleros. Creo que los golpes lo están volviendo ponchi.
Los hombres regalaron miradas que recriminaban la forma en que el impertinente de finas explicaciones contestó. Siempre hay alguien que se la da de muy culto y que se expresa diferente a los demás. En esos sitios había gente así. Pero sin más se movieron con desesperación hacia donde había señalado. Se notaba que les urgía encontrar al que buscaban, no había tiempo para discutir con un petimetre.
El parque era el centro de todo. Un lugar tradicional en el que los vecinos se refugiaban en las horas vespertinas cuando el cerro cercano guardián de la ciudad se oponía a los rayos de un derrotado sol en su camino hacia el oeste.
Allí buscaban el amparo que daban las sombras de altos y viejos árboles de laurel y algún otro de mamón. Pasaban el rato conversando entre los bustos de poetas y políticos, viendo circular los buses llenos de pasajeros. De esos armatostes rodantes muchos bajaban para que otros subieran desde la atiborrada parada ubicada en uno de sus costados. Cada uno de esos Diablos Rojos, se había ganado ese apodo por su color y por la forma agresiva con que sus conductores los guiaban.
Llevaban en cada flanco una hilera de ventanas con nombre de mujer: Daniela, Cinthya, Gloria, Rosa, Rosibel, Tatiana y muchas más, Yadira, Ana y de ellas salía estridentes los sonidos de las tumbadoras, los güiros y las trompetas que acompañaban las voces de los cantantes de salsa del momento.
Antes, mucho antes, la popular plaza vio doblar por sus esquinas al entonces novedoso tranvía impulsado por cables eléctricos. Como cicatrices de esa época quedaron los antiguos rieles en las calles. Fueron otros tiempos, las fotografías de la época señalaban que para caminar y sentarse en las bancas había que estar de traje, sombrero y corbata. sombrero y corbata. Ahora no, las costumbres se habían relajado.
__ ¿Han Visto a Yuca Zapata?
---- ¿Para qué lo quieren?
---- Para qué más, Tú si preguntas ahuevazones. Para que pelee esta noche.
El hombre sentando ignoró el insulto para poder conocer mejor los motivos de la búsqueda. O para corroborar lo que sospechaba.
--- ¿Cómo así? ¿Van hacer subir al hombre al ring de ya, para ya, otra vez? Denle tiempo para que se prepare y verán al verdadero Yuca. Un boxeador da ventajas si acepta pelear de esa forma. No estará concentrado. Durante el día ustedes no saben que labores ha hecho. Díganle a ese promotor que los mandó a buscarlo, que puede haber desgastado sus fuerzas. Mientras el rival está muy tranquilo esperándolo para liquidarlo.
--- ¡Ahora qué! ¿Tú eres el apoderado de Yuca? Sabes que él siempre está listo. El no niega fuego. Y es capaz de dar esas gabelas.
Con mucha paciencia y serenidad, el interrogado contestó, al mismo estilo del primero que había quedado unas bancas más allá.
---- Bueno él no ha venido hoy por aquí. Oh sí, ahora recuerdo que me parece que lo vi hace un rato. Puede estar en su casa. O preparándose para ir a la pelea. Lo encontrarás por las puertas de entrada buscando a algún organizador que recuerde los favores que le ha hecho y lo entren gratis. Eso sí, él no va a pagar entrada para ver esa función de boxeo que ya nació chueca.--- una sonrisa burlona acompañó la respuesta.
Los dos hombres se miraron uno a otro. Eran jóvenes y en sus rostros se veía que temían no poder cumplir con la misión de encontrar a ese boxeador de pacotilla que necesitaba su promotor, un gordo grosero y ambicioso para completar su cartilla de la noche.
----- ¿Dónde vive Yuca?
----- Todos saben dónde vive Yuca. Cerca de la casa de mampostería, justo detrás de la iglesia. Esa que es una galera y está al lado de una que hace esquina y que tiene tres pisos, muy antigua ella, frente a la cantina. Por aquí mismo te puedes ir. Pero la próxima vez sean más corteses a la hora de querer saber algo.--
El tipo se levantó de la banca y solemnemente, alzando el brazo y con algo de burla les indicó de mala gana la ruta que lo llevaría al lugar indicado.
Los emisarios boxísticos le dieron la espalda, lamentándose de encontrarse con gente tan quisquillosa y rápidamente rodearon el templo de una sola torre y viejas piedras verdes que algún volcán había arrojado millones de años antes en sitios cercanos. Habían sido bien talladas en cuadrados perfectos para formar una fachada sin lujos pero algo agradable a la vista para la gente de “afuera” de una ciudad con una muralla que la protegió de ataques piratas, pero que terminó separando a los ricos de los pobres. A los negros, a los mestizos, a los cholos, de los blancos. Eran otros tiempos pero los que habitaban las casas de las calles cercanas a la iglesia seguían teniendo la misma condición económica y social de pobreza. Era lógico, eran los descendientes de aquellos necesitados de años antes.
La casa de Yuca verdad que era una galera de un solo piso. Vieja, de piedras unidas por argamasa. Sus esquinas descascarilladas mostraban los materiales y las técnicas que sus constructores habían utilizado. Su entrada desde la calle era un zaguán oscuro con tinacos llenos de basura podrida pues llevaba acumulada varios días. El camión del aseo no pasaba regularmente por allí. Ese fenómeno llenaba el túnel de un mal olor.
Entraron y casi enseguida se vieron ante un patio rodeado de humildes cuartos por dos de sus costados. Puertas y ventanas los decoraban. Al fondo se encontraban los servicios y baños comunales y sendas plumas sobre tinas de metal que servían para todo. Para recoger agua, para fregar los trastes y lavar la ropa de todos esos inquilinos.
El patio se veía interrumpido por alambres que eran sostenidos por varas de maderas que le daban cierto orden y apoyo. Allí se tendía la ropa para que se secara al sol, o para que recibiera el sereno de la noche. Los cuartos eran causa común en el barrio. Pequeños, servían de sala, comedor, cocina y dormitorio. Los poetas de la época los habían denunciado en singulares inspiraciones. Los versos hablaban de que en ellos no entraba el sol pues sus rayos eran aristocráticos.
Se tropezaron con un corro de niños que jugaban al trompo, que enseguida los miraron de mala manera pues quedaron sin saberlo en el medio de la competencia.
Un coro con sus murmullos desaprobó la impertinencia de los recién llegados. Pero ellos sin importarle nada espetaron la pregunta que llevaban consigo.
----- ¿Han Visto a Yuca Zapata?
--- ¿Quién lo busca? --- Preguntó desafiante un mozalbete de unos doce años.
El tono de la pregunta tomó de sorpresa a los muchachos. Pero enseguida se repusieron y volvieron a inquirir de tal forma como si su presencia fuera muy importante, y que merecía la más pronta y seria de las respuestas.
-----Saben dónde está ¿Han Visto a Yuca Zapata?
Al ver que nadie contestaba, se movieron y trataron de buscar a algún adulto que los ayudara.
Pero la voz del niño los hizo volverse y escucharlo.
---- El salió hace rato, a esta hora el casi nunca está en casa. Miren, el de la puerta verde es su cuarto y tiene puesto el candado. ¿Quieren mejor señal de que no está?
Una expresión de desilusión apareció en el rostro de los tipos. Los candados prendidos a las aldabas eran mudos centinelas que lanzaban un rotundo mensaje de ausencia. Pero siguieron averiguando.
___Tú que pareces saber mucho dime pues ¿dónde podrá estar Yuca a esta hora?
El niño de abundante y descuidado cabello lacio, le faltaba que lo llevaran al barbero, con zapatillas gastadas a punto de romperse, tenía un trompo de madera al que trataba de enrollarle un pedazo de cuerda con la que lo impulsaría a bailar. Suspirando contestó.
--- ¡Ay Dios mío! Espero que lo busquen para algo bueno y no para boxear. Aunque el sueña con volver a subir al ring. Hasta la semana pasada estuvo entrenando pero se desilusionó pues no lo contrataron para ninguna de las peleas de esta noche. Ayer cuando regresó del gimnasio me dijo que no le dieron play.
Otro de los mozalbetes intervino en la conversación, pero no si antes lanzar su trompo al aire y tomarlo hábilmente con la planta de la mano. El artefacto seguía bailando perfectamente mientras que decía de forma displicente.
--- La última vez que se subió a un ring regresó bien apolismado. Mi papá dice que le sacaron la…
----Oye no hables así de Yuca. No le sacaron nada. El también tumbó al contrario. Lo malo fue que se descuidó y lo mandaron a la lona y el árbitro contó muy rápido los diez segundos.---- Ahora el que protestó fue el primer mozalbete.
Un coro con las risas de sus compañeros desaprobaron su versión, le hizo enojarse. Un tercero que estaba en el corro infantil acotó.
---- A Yuca no lo noquearon, antes de los diez segundos sonó la campana y siguió peleando.
----- Ah verdad, que fue así.
---- Bueno, bueno todo eso lo sabemos ya. ¿Dónde puede estar Yuca? Ayúdenos
El defensor del púgil apartó a su compañerito con el brazo evitando que hablara de más en su contra.
.----- Puede estar, puede estar, en un montón de sitios alrededor del parque. En el billar, en alguno de los cines. A veces se toma un café a esta hora en el restaurante famoso. Ese que es muy popular. Me dice que toma café pues cuesta solo diez centavos para espantar el hambre. Lo más lejos que puede estar es haciendo un mandado al Sr José que hoy como es sábado le pide que le vaya hacer jugadas en la agencia de caballos. Recuerde que ya comenzaron las carreras.
--- ¡Ufa! Aunque Yuca no cobra nada por esos mandados. Le dan algo si ese señor gana, sino nada. Bueno le he oído decir que a veces se mete en alguno de los restaurantes para que algún admirador del boxeo le pague una comida.
---- El que dio todos esos detalles, seguía lanzando al aire el trompo que tenía una punta muy larga. Ahora lo había capturado con mucha destreza nada menos que con el hilo que antes había enrollado en el juguete. Y con suma habilidad lo mantenía bailando utilizando sus dos manos que sostenían los comienzos de la cuerda. La maniobrabilidad de ese pedazo cónico de madera se mejoraba sacando la pequeña punta metálica con que venía originalmente y cambiándosela por un clavo al que se le limaba la cabeza. A punta de bailarlo, el roce con el piso lo hacía girar sin molestar la mano del jugador.
--- ¡Ey pelaos! No han dicho nada bueno, si lo encontramos Yuca se va a ganar un par de billetes peleando en la función de esta noche y ustedes no lo están ayudando.
El que también participaba en la pesquisa y que se mantenía callado, tomó a su compañero por el hombro e indicándole la salida por el zaguán por el que habían entrado, le dijo.
---- Estamos perdiendo tiempo aquí con estos pelaos. ¡Vámonos!
El atrevido chicuelo que volvía a enrollar la cuerda sobre el trompo agregó otro detalle nada alentador.
____ Él está evitando encontrarse con el cobrador del cuarto que anda por aquí.

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